Tras los innumerables problemas causados por la huelga de pilotos de Iberia, de nuevo el sector de las aerolíneas en España escribe otra página negra: Spanair, que debía ser la aerolínea abanderada de la ciudad de Barcelona para convertir al Aeropuerto de Barcelona-El Prat en un hub internacional, ha suspendido todas sus operaciones, según anunciaba en un comunicado el día 28 de enero. La nefasta situación financiera de la  compañía, unida a la negativa de Qatar Airways para adquirir el 49% de las acciones con una inyección de 150 millones de euros, ha precipitado el final debido a la inviabilidad financiera del proyecto, que presentará concurso de acreedores.

El final de Spanair era la crónica de una muerte anunciada. Inició su andadura en 1986, y en 2009 una representación del empresariado catalán asumió la dirección de la compañía, que ostentaba la escandinava SAS . Pese al entusiasmo inicial, las frías cifras muestran que la compañía cerró el ejercicio 2010 con una facturación de 670 millones de euros, registrando unas pérdidas que alcanzaban la friolera de 115 millones, a sumar a los 156 millones de pérdidas del año anterior. En esta sangría económica ha desempeñado un papel estelar la Generalitat de Catalunya, que en septiembre de 2010 entró en el consejo de la compañía tras inyectarle 10 millones de euros a través de Avançsa; en noviembre aportó otros 25 millones, y siguió con 56 millones más en septiembre de 2011, en plena campaña de recortes. Finalmente, la Generalitat ha anunciado en un comunicado que cesará en su aportación de recursos públicos para salvar a la empresa. Ante las críticas desatadas porque el gobierno catalán aportara semejante cantidad de recursos a una empresa privada en plena recesión, Ferran Soriano, presidente de Spanair, salió al paso argumentando que la aerolínea no recibía ni subvenciones ni ayudas públicas, sino inversiones de entidades y administraciones públicas, del mismo modo que en su momento las recibió Iberia.

Los efectos del cierre de la aerolínea han tenido como resultado que cerca de 23.000 pasajeros se han quedado en tierra debido a la afectación sobre los 380 vuelos programados. Una vez más, el viajero es el que acaba pagando los platos rotos de la ineptitud en la gestión, por no hablar de los cerca de 2.000 empleados de la compañía, quienes han recibido un pago parcial de sus nóminas de 1.000 euros, con el que deberán afrontar un futuro incierto: el viernes por la noche fueron informados mediante correo electrónico de la suspensión de la actividad, y de que se hallaban en situación de permiso retributivo y suspensión temporal. Y eso por no mencionar a los 1.200 trabajadores de tierra de Newco, que ya se halla en concurso de acreedores.

Respecto a la gestión de los vuelos afectados, de nuevo se ha demostrado aquello de que ‘Spain is different’. Pese a que Spanair había alcanzado acuerdos con Iberia, Air Europa, Vueling y Lufthansa para recolocar a los pasajeros con “tarifas de rescate” de importe reducido hasta el 3 de febrero, la realidad es que las quejas no se han hecho esperar, y muchos clientes afectados han denunciado que los precios demandados son más elevados de lo que se había anunciado, debido a las tasas aeroportuarias. Un ejemplo más de la solidaridad imperante ante situaciones de crisis en el sector de las aerolíneas, y que al fin y al cabo le toca pagar al consumidor. Por su parte, Spanair se ha limitado a cerrrar su página web y colgar un mensaje de despedida en Twitter con una disculpa por las molestias ocasionadas.

Pero lo más espectacular del caso es que Ferran Soriano, presidente de Spanair, anunciaba el pasado día 24, tan sólo unos días del cese de operaciones de la compañía, su marcha como director general al club de futbol Manchester City; los rumores sitúen el sueldo de su antecesor en el cargo en torno a los 2,3 millones de euros, por lo que la oferta a Soriano debe resultar cuanto menos suculenta. Personalmente, se me antoja inaudito que el máximo responsable de una entidad en semejante situación pueda asumir sin mayores problemas un nuevo cargo, tras haber dilapidado centenares de millones de euros de los contribuyentes en un proyecto que desde hace ya varios años despertaba algo más que dudas respecto a su viabilidad. Eso sí, sin dejar de pagar los sueldos millonarios a los miembros del consejo de dirección, claro está…

El caso de Spanair ha venido a escribir un nuevo capítulo en la larga crisis de reputación que sufre el sector de las aerolíneas en nuestro país, y que tampoco dice mucho de los responsables de la Administración. ¿No había indicios del cierre inminente de la compañía? ¿Hasta qué punto estaban dispuestos los responsables del dinero de los contribuyentes a llegar para salvar una empresa privada que avanzaba sin remisión hacia el abismo? ¿Quién regula que una compañía en cierre inminente siga vendiendo billetes a los usuarios sin ningún control, dejando en tierra a miles de afectados por el cierre? ¿Cómo es posible que se permitan actos de auténtica piratería por parte de los otros operadores aéreos frente a una situación de crisis con miles de afectados? ¿Qué responsabilidades se reclamarán a los máximos dirigentes de Spanair?

Tristemente, creo que todas estas preguntas nos llevarán de nuevo a un interminable cruce de acusaciones entre los posibles responsables, que arrojará poca luz y, peor aún pocas soluciones, a una situación ya demasiado familiar en el sector aéreo. Y mucho me temo que al final solamente seremos los clientes y contribuyentes los que de nuevo nos haremos cargo de la factura. Porque la reconstrucción de la credibilidad del transporte aéreo deberá pasar sin duda por actuaciones decididas que regulen la actividad, y por la firme exigencia de responsabilidades. Y mucho me temo que, una vez más, todo intento de transparencia acabará de un modo al que lamentablemente ya nos estamos acostumbrando: estrellándose.

El pasado domingo Research In Motion (RIM) anunció que Jim Balsillie y Mike Lazaridis, los consejeros delegados de la empresa durante los últimos 20 años, dimitían de sus cargos. En su lugar, Thorsten Heins agarraba el timón para capitanear la nave de este gigante tecnológico que atraviesa una tormenta en la que, en opinión de muchos, puede naufragar.

Los últimos acontecimientos que han afectado a RIM, fruto de una serie de desafortunadas decisiones estratégicas que no han sabido adaptarla a los nuevos tiempos con la suficiente agilidad, han levantado un coro de voces que claman por un cambio radical en el enfoque de la compañía para evitar su desaparición, y parte de los inversores incluso han llegado a presionar para que sea vendida de forma total o parcial. Algo sin duda difícil de afrontar para Heins en su calidad de nuevo CEO, quien ha argumentado que la empresa afronta una redefinición de su estrategia y procesos para poder reconducir los malos resultados registrados, pero cuya realidad es que se halla acosada por la presión cada vez mayor de clientes y accionistas.

Todo ello ha llevado a BlackBerry, la mítica marca que ha liderado el mercado de los smartphones en los últimos años, a ceder una enorme cuota de mercado frente a los gadgets con sistema Android i los iPhone, una durísima competencia que ha propiciado el desplome de sus acciones en bolsa. Los factores han sido de índole diversa: el desastroso lanzamiento del tablet Playbook como alternativa al iPad en abril de 2011, la caída de los servidores de la red de RIM en octubre que afectó a 70 millones de usuarios en todo el mundo, el anuncio del retraso de la plataforma BlackBerry 10 hasta finales de 2012, o el despido de dos ejecutivos de la compañía como consecuencia de los incidentes provocados en estado de embriaguez a bordo de un vuelo en diciembre, son algunos de los principales hechos que han provocado que el año 2011 sea con poco espacio para la duda el año más negro en la historia de la empresa.

El problema es que la industria se mueve a una velocidad de vértigo y RIM dispone de escasos recursos para conseguir innovar frente a competidores mucho mejor posicionados, a la vez que debe luchar en demasiados frentes abiertos. La nueva estrategia a adoptar dependerá de infinidad de variables, pero lo que en mi opinión no debe nunca pasar por alto es lo que sus clientes tengan que decir por encima de todo. Concretamente, la caída de los servidores a nivel mundial fue sin duda alguna un auténtico manual de ‘qué-no-hacer’ en caso de crisis. El lunes 10 de octubre de 2011 los servicios en Europa, Oriente Medio y África empezaron a sufrir interrupciones: los usuarios de BlackBerry empezaron a sufrir problemas con sus servicios de mensajería, correo electrónico y navegación por Internet. 12 horas después RIM afirmó que había conseguido solucionar las incidencias, sin dar mayores explicaciones al respecto, pero el martes aparecieron de nuevo las deficiencias y la compañía admitió que se habían detectado nuevos problemas en Latinoamérica y la India. La respuesta de los 70 millones de afectados diseminados por todo el planeta no se hizo esperar, y las redes sociales se vieron invadidas de mensajes que mostraban la indignación con la compañía por la total falta de información; un malestar que adquirió dimensiones escandalosas cuando se enteraron a través de las asociaciones de consumidores que las indemnizaciones a las que tenían derecho los usuarios de BlackBerry oscilaban entre los 30 céntimos y los 2,5 euros por hora de servicio inoperativo.

Pero no contentos con esto, en RIM decidieron cargar las tintas contra los operadores argumentando que estaban obligados a pagar las indemnizaciones, pese a haber reconocido que el fallo era propio. En fin, que el compendio de despropósitos fue monumental, aumentando el interés mediático sobre otro tipo de problemas como el atraso tecnológico que RIM estaba adquiriendo respecto a sus competidores, y pasando factura a la reputación de marca de la compañía. Evidentemente, el mercado de BlackBerry se resintió: según datos de ComScore, sólo en el mes de septiembre 4,3 millones de clientes abandonaron el terminal en Estados Unidos, y la compañía perdió alrededor del 73% de su valor en la Bolsa de Nueva York al cierre del ejercicio 2011. Unas cifras alarmantes para quien había liderado un sector tan competitivo como el de los smartphones.

Sea cual sea la estrategia que Heins adopte para afrontar un futuro incierto, si es que le queda espacio para la maniobra, en mi opinión deberá tener como eje central lo que hasta ahora el gigante canadiense no ha sabido hacer: comunicar con credibilidad y agilidad. La incapacidad para determinar y gestionar a los públicos de interés, la lentitud en la información facilitada, la ambigüedad y las contradicciones en la asunción de responsabilidades, y la falta de transparencia en la gestión global de la crisis, han sido elementos que pueden haber pasado una factura demasiado grande que pagar. Y mucho me temo que, como ya muchos apuntaban en Twitter, que 2012 puede ser el año del “CrackBerry”…

En vísperas de estas fechas tan señaladas, la polémica ha saltado en una iglesia anglicana de Saint Matthew’s, en Auckland (Nueva Zelanda). La iglesia se define como progresista, “con un ojo en la ciudad y el otro en el mundo”. Según expresan sus responsables, quiere ser una nueva orientación de la marca del Cristianismo y sus prácticas: contrariamente a la tendencia humana a hacer generalizaciones amplias, a su modo de ver ser “cristiano” no dice mucho acerca de una comunidad de fe, más allá de la probabilidad de que Jesús desempeña un papel en sus creencias. Echando un ojo a los contenidos de su página web, podemos ver que los temas que les preocupan son los pobres del mundo, la situación de las mujeres en determinados países, el hambre infantil, la destrucción del medio ambiente y la necesidad de poner fin a violencia en lugar de la intolerancia religiosa; todo ello, siempre enfocado desde una perspectiva de corte progresista.

Desde luego, y más allá del debate teológico y de la visión que cada uno tenga de la fe, que desde luego no es el objeto de este artículo, lo que está claro es que su revolucionaria campaña navideña ha levantado ampollas. En el tablón de anuncios de la iglesia se podía ver una imagen de estilo renacentista de la Virgen María, sorprendida ante el resultado positivo de un test de embarazo. Según expresan desde Saint Matthew’s, el objetivo de dicha acción era humanizar a la figura de la Virgen, como mujer soltera que no se sentía preparada para afrontar un embarazo totalmente inesperado. Añadieron además que, en la sociedad en la que vivimos actualmente, muchas mujeres pueden sentirse totalmente identificadas con la Virgen María y su situación.

En todo caso, el posicionamiento de Saint Matthew’s no ha sido compartido por parte de los ciudadanos de Auckland, y además la campaña ha trascendido fronteras y ha originado reacciones de muy diversa índole, muchas de ellas francamente encendidas. Tanto ha sido así, que el tablón fue víctima de un acto de vandalismo: el pasado 18 de diciembre Arthur Skinner, miembro del Catholic Action Group de posturas manifiestamente reaccionarias, destrozó el cartel de la polémica con unas tijeras; Skinner manifestó que volvería a hacerlo, incluso si eso significaba cumplir condena en prisión, puesto que consideraba el cártel como “satánico” y “blasfemo”, y por lo que consideró que debía “tomarse la justicia por su mano”. Los responsables de Saint Matthew’s se mostraron “cansados de la intolerancia cristiana” y avergonzados por ella, pese a lo que decidieron no presentar cargos contra Skinner y retirar la imagen del tablón.

Una vez más, una campaña levanta ampollas cuando esgrime la religión como motivo. Cierto es que la publicidad y la comunicación suelen tender a buscar la emoción para ser efectivas, pero la delgada línea entre lo provocador y lo considerado inaceptable varía según quien sea el receptor del mensaje. Cualquiera que quiera construir un mensaje usando iconos de este tipo se expone a las más airadas reacciones, pero en mi opinión hay algo que siempre debe prevalecer: la libertad de expresión, para la que es necesaria una buena dosis de sentido común. Y de eso, me temo que la Humanidad va más bien escasa…

FELIZ NAVIDAD

De nuevo las redes sociales se han convertido en un polvorín para una marca. En este caso, la que ha levantado ampollas ha sido Pepsi España, con la campaña que inició el pasado 5 de diciembre en Facebook: en la popular red social se mostraba una galería de fotos de su vídeo interactivo que promocionaba su producto Pepsi Max Extracafeína. En el vídeo se jugaba con algunos tópicos sobre las bibliotecas, presentando un ambiente soporífero, y con una bibliotecaria al más puro estilo sargento de hierro haciendo las funciones de vigilancia sobre los sufridos estudiantes.

La respuesta inmediata al lanzamiento de la campaña fue la aparición masiva del hashtag #lasbibliotecasmolan en Twitter, reivindicando estos espacios como algo más que aburrimiento entre cuatro paredes, así como una tremenda cantidad de artículos en prensa, posts en bitácoras, comentarios en redes sociales, etc… por no mencionar la profunda indignación del colectivo profesional de los bibliotecarios, que no están precisamente en su momento más dulce en vista de los recortes que están sufriendo muchos de estos servicios.

La campaña, bajo el título de “Tú puedes cambiar la historia”, se rodó en una biblioteca madrileña. Según los responsables de la compañía, nunca se quiso reflejar la realidad de las bibliotecas, sino que simplemente jugaba con algunos clichés en clave de humor y con estética de cómic, lo que la desvinculaba de la realidad. Además, argumentaron que la frase “las bibliotecas no molan” no forma parte de la campaña, sino que se mencionó en un post desafortunado. En todo caso, y en un gesto que les honra, en Pepsi han aceptado las críticas y se han disculpado por si han ofendido a alguien con su campaña.

Sea como fuere, una vez más la polémica está servida. En primer lugar, debo decir que a mí personalmente no me parece una campaña mal enfocada: es coherente con el posicionamiento juvenil, fresco y transgresor que ha venido mostrando la marca, que no olvidemos está orientada mayoritariamente a un público joven. Pese a prever las reacciones, a cambio de una respuesta de disculpa han obtenido una enorme difusión: si no es así, me pregunto porqué todavía no han retirado la campaña… no deben ser tan graves los daños a la marca. Y respecto a la indignación de los bibliotecarios, que respeto profundamente, tampoco creo que sea un ataque a su profesión, sino que se trata de una parodia, eso sí, más o menos afortunada: para gustos colores, y en los tiempos de la corrección política todos tenemos la piel muy fina.

Lo que yo me pregunto es si realmente se trata de una desafortunada acción de publicidad en redes sociales, o bien de una estrategia muy bien orquestada por los directivos de Pepsi para lanzar un producto a un coste muy bajo: la dimensión que ha alcanzado, con numerosas menciones en medios nacionales y un gran eco en las redes sociales, hubiese tenido un elevado coste, tanto humano como económico.

Pero por otra parte, no nos olvidemos de la reacción y el rédito que los bibliotecarios han sabido obtener para reivindicar su profesión, y a los que felicito sinceramente: el hashtag #lasbibliotecasmolan corriendo como la pólvora por Twitter, una página en Facebook bajo el mismo hashtag, o apariciones en medios nacionales.

En todo caso, un gran ejemplo de contracampaña bien orquestada por un colectivo minoritario. Y cada uno es muy libre de pensar lo que quiera… le mole o no.

El Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA) anunció que irá a la huelga los próximos días 18 y 29 de diciembre, justo en plenas fiestas de Navidad, para protestar por la creación de Iberia Express, la nueva filial para vuelos de corto y medio radio de la aerolínea española que tiene previsto empezar a operar en marzo de 2012 entre Madrid y las Islas Baleares. La filial de la compañía estará constituida en su totalidad por trabajadores de Iberia, con una plantilla de 500 empleados nuevos en el primer año, 125 de los cuales serán pilotos. El objetivo es llegar a disponer de más de 1.000 empleos de nueva creación en los primeros años sin que ello suponga una merma en las condiciones laborales de los actuales empleados.

Según recientes declaraciones de Manuel López Aguilar, Director Comercial de Iberia, la creación de la filial hará más rentable a la compañía, que ha consolidado en el presente año su fusión con British Airways: esto ha representado una reducción de más del 10% en sus vuelos europeos, así como un recorte del 8% en su flota transcontinental, en el contexto del complejo panorama en el que se hallan inmersas las aerolíneas. Esta nueva estrategia es la única vía que los directivos de Iberia ven factible para garantizar la viabilidad y el futuro del grupo, de modo que la aerolínea no se vea forzada a cerrar rutas y reducir su plantilla. La nueva filial nace como respuesta a la proliferación de las compañías low cost en España, segundo país del mundo por presencia de compañías de bajo coste y líneas de tren de alta velocidad, lo que ha llevado a una caída de los ingresos del 17% en los últimos cuatro años. Si a estos factores añadimos que el incremento del crudo se ha situado por encima del 50%, no cuesta mucho imaginar que resulta urgente reformular la estrategia.

La creación de Iberia Express tiene como consecuencia que la colaboración con Vueling, la filial low cost de Iberia, se reduzca significativamente: la anunciada ampliación del acuerdo firmado entre ambas para aportar tráficos de corto y medio radio sobre el hub de Madrid-Barajas quedará reducida a mínimos. En este sentido, Iberia anunció su intención de retomar algunas de las más significativas rutas domésticas, en un intento de aliviar tensiones con sus pilotos. Esta medida de retorno a la situación anterior muy probablemente sea consecuencia de la mala acogida que la nueva operativa de servicio tuvo entre los pasajeros business de la compañía, debido a la percepción de Vueling como una compañía de bajo coste, alejada de la marca matriz.

Sea como fuere, la respuesta del SEPLA ha sido el anuncio de la convocatoria de huelga de los pilotos. Justo Peral, presidente del sindicato de pilotos de la compañía, ha anunciado que tras haber agotado las negociaciones con la dirección de la aerolínea, los pilotos van a la huelga en solitario; el colectivo de tripulantes de cabina se ha negado a secundar la convocatoria de paro en la actividad. Cómo no, estas protestas se desarrollarán una vez más en plenas Navidades, momento clave de los desplazamientos masivos por aire. Y cómo no, una vez más seremos los usuarios de los servicios de las aerolíneas los mayores afectados por las tortuosas negociaciones entre la compañía y sus pilotos. Quizás sea demasiado reciente aún el lamentable episodio de los controladores aéreos de funestas consecuencias.

Lo que sí parece es que Iberia ha mostrado cierta sensibilidad hacia los clientes afectados, buscando vías para poder atender las reclamaciones originadas por los paros. Nada más anunciarse la huelga se produjo un incremento del 45%  en las consultas telefónicas, y lo mismo sucedió con las que llegaron a través de Twitter y Facebook en castellano de que dispone la compañía desde hace aproximadamente un año y medio. La respuesta de Iberia ha sido adelantar el lanzamiento de los canales internacionales en redes sociales, actualmente en fase de pruebas, con el fin de atender en su propio idioma a los clientes afectados por la huelga de pilotos, creando canales específicos en Facebook y Twitter en cinco idiomas: alemán, italiano, portugués, francés e inglés, que se suman a los que tenía en español. Los community managers de dichos canales estarán específicamente preparados para atender las peticiones de información y reclamaciones de los usuarios, y asimismo se han reforzado los canales de atención telefónica.

No entraré en este artículo a realizar valoraciones sobre la puesta en marcha de Iberia Express, ni sobre las negociaciones que han conducido a la huelga, pero sí me gustaría dar una pincelada sobre sus aspectos comunicativos. Ha convertido al usuario en el centro de atención, y no sólo en referencia a la huelga: la compañía ha entendido que su asociación de su marca con Vueling era mal recibida por los pasajeros business, por lo que ha decidido modificar su estrategia y buscar soluciones al respecto.

Respecto a la convocatoria de huelga, opino que la respuesta de la compañía ante la imposibilidad de evitarla es a priori digna de elogio: ha puesto a disposición de los usuarios múltiples canales para atender a una gran diversidad de pasajeros de toda Europa, y lo ha anunciado ampliamente para ponerlo en conocimiento de la opinión pública. No obstante, digo a priori con toda la intención, debido a algo vemos demasiado a menudo y que hace bueno el viejo refrán que reza que “del dicho al hecho hay un trecho”. Iberia ha pensado en cómo dar una respuesta adecuada a la eventual crisis a la que se enfrenta, y creo que sobre el papel lo ha hecho de forma adecuada; pero ahora debe poner en marcha una operativa que permita dar respuesta a la promesa de forma eficiente, o el daño sobre su marca puede ser todavía mayor si fracasa en el intento de dar una respuesta. Así que sinceramente, espero que la aerolínea no se limite a poner en marcha una comunicación low cost… por el bien de todos.

A lo largo de los últimos días, ha levantado una enorme expectación el constante degoteo de anunciantes que han decidido retirar sus inserciones publicitarias del popular y polémico programa de Telecinco ‘La Noria’. El motivo ha sido el enorme seguimiento de la propuesta que el periodista madrileño Pablo Herreros (@PabloHerreros en Twitter), en la que pedía a las marcas que retirasen su publicidad del controvertido programa a raíz de la entrevista realizada el pasado sábado 29 de octubre a Rosalía García, madre de ‘El Cuco’, uno de los implicados en la muerte de Marta del Castillo, y por la que cobró una cifra entre 7.000 y 10.000 euros.

Tras los primeros abandonos de Campofrío y Bayer el popular Jordi González, presentador del programa, arremetió a través de Twitter (@jordiGlez) denunciando la maniobra de las marcas como “una campaña de imagen que les sale gratis”. Esto, lejos de apaciguar los ánimos, recrudeció las críticas, de modo que nombres tan potentes como Nestlé, El Corte Inglés, L’Oréal, el Grupo Lactalis (Puleva y Président), Milner, Panrico, Vitaldent, Wilkinson, WC Net, Paramount y Pronto han decidido apartarse del ojo del huracán y retirar la presencia de sus marcas en el programa.

Por primera vez el espacio se emitió el 19 de noviembre sin ninguna publicidad más allá de autopromociones de la cadena, lo que constituye un hecho histórico tanto para el programa como para Telecinco, y a las apariciones de la vidente Esperanza Gracia, quien se hizo con los tres únicos espacios a lo largo de las cuatro horas y media de programa. No cuesta mucho hacerse una idea del impacto económico de estos hechos, que poden en entredicho la misma continuidad del programa.

Sinceramente, creo que resulta lamentable que Jordi González arremetiera contra los anunciantes por no querer que su imagen se vea comprometida con según qué contenidos, y más aún cuando lo ha hecho escuchando la demanda de una gran cantidad de consumidores, que al fin y al cabo son su público objetivo. Por supuesto que las marcas han hecho una campaña de imagen, especialmente dirigida a preservarla tras el rechazo de los consumidores.

Pero la demagogia de la que hace gala el periodista no tiene desperdicio, porque yo me pregunto: ¿cuál era el objetivo de invitar a la madre de uno de los acusados? ¿Aportar información relevante? ¿Informar? ¿O más bien crear expectación y alimentar el morbo para conseguir mayor audiencia? En todo caso, el dato de audiencia es revelador: cerca de 2 millones de espectadores, uno de los mejores registros del programa, por lo que me pregunto quién se ha hecho mejor publicidad con toda la polvareda originada por el asunto. Y el argumento de que la entrevistada ya había aparecido en otros programas me parece, aparte de irrelevante, un tanto pueril.

No obstante, concedamos un segundo a la reflexión sobre la responsabilidad de cada uno. La argumentación de los anunciantes me parece hipócrita cuando dicen que eran desconocedores del contenido del programa, y que lo han hecho después de las peticiones de los consumidores: las redes ya iban llenas con el tema muchos días antes, por lo que lo verdaderamente loable hubiese sido retirar la publicidad antes de la emisión del programa, y no después. Pero claro, renunciar a semejante share no es una decisión fácil, cuando además las parrillas están llenas de espacios como ‘La Noria’ que, mal que me pese, concentran unas audiencias terribles antes sus televisores, y al fin y al cabo constituyen el principal vehículo de contacto con su público objetivo, el consumidor. De momento, Telecinco ha anunciado que cancela dos de sus formatos más polémicos, Enemigos íntimos’ y ‘Resistiré, ¿vale?’; por otra parte, la cadena ha decidido suavizar los contenidos de sus programas, haciéndolos más ‘blancos’ y orientando los audiovisuales hacia un tratamiento humorístico.

En mi opinión, en la estrategia publicitaria deberían incluirse aspectos de corte ético y estilístico antes de acceder a ningún patrocinio, y no hay excusa que valga. Una buena muestra de ello sería que retirasen sus anuncios de otros espacios similares como ‘Sálvame’, que me produce absoluta perplejidad ante el tipo de contenidos que emite en horario protegido: ¿lo van a hacer en este programa también? En todo caso, creo que debemos mantener una actitud crítica y no dejarnos llevar por el aplauso fácil ante medidas como las que hemos visto. Y por encima de todo, tener muy presente un factor que ha sido el que menos líneas ha generado: el del lucro y el espectáculo más perverso con el dolor de unos padres ante el brutal asesinato de su hija. ¿Acaso esto entiende de shares e inversiones? Espero que, tras todo lo visto en torno a este escabroso asunto, la respuesta sea que no.


Tras unos tímidos intentos durante 2010, finalmente Inditex ha decidido poner toda la carne en el asador y lanzarse de pleno al ruedo del comercio electrónico con su marca insignia Zara. El desembarco tardío de la marca, que se suma el entorno de los negocios online años después que sus principales rivales, GAP y H&M, obedece a la madurez alcanzada por Internet como canal de ventas en sector textil, según los responsables de la compañía. Probablemente los tímidos resultados obtenidos por Mango, que incorporó el comercio electrónico a sus operaciones en el año 2000, haya sido uno de los elementos que ha frenado la incorporación de Zara: la marca barcelonesa facturó el año pasado 11,7 millones de euros, tan sólo el 0,79% de sus ventas a nivel mundial.

Y coincidiendo con esta noticia, nos hemos encontrado también con la apertura de Amazon.es, la esperada versión española del gigante de la venta online. Esto sucede tras la compra de la web de ventas española BuyVip en octubre de 2010, por lo que El Corte Inglés y Casa del Libro se perfilan a priori como los grandes competidores de Amazon en el mercado español. La distribución española ya tiembla: por si tuvieran suficiente con la llegada de Amazon, cada vez son más frecuentes los rumores que apuntan que Alice.com, compañía estadounidense de venta de productos básicos del hogar, no tardará en aparecer también en el mercado.

Más allá de los objetivos estratégicos de las distintas compañías, lo que nos debe invitar a la reflexión es el momento elegido por estas empresas por apostar por el comercio electrónico en España. Durante el primer trimestre de 2011 se llevaron a cabo más de 30 millones de operaciones de compra online, que supusieron una facturación de más de 2.000 millones de euros. No obstante, todavía estamos muy lejos de los niveles registrados en otros países: en España, tan solo el 42% de las empresas utilizan el comercio electrónico, en un ámbito en el que el 52% de las operaciones online se realizan en webs del extranjero. Pese a estos datos, la evolución que está experimentando el comercio electrónico es a todas luces espectacular, probablemente favorecida por la crisis económica que atravesamos (no hay más que ver la evolución desde 2008), que empuja a las compañías a buscar costes de gestión más baratos, y por una generación de consumidores que son ya nativos digitales.